Posts Tagged ‘(S8) Mostra de Cinema Periférico’

Vari Caramés: la mirada redonda

La colaboración del admirable (y admirado) Vari Caramés en el (S8) es un sueño largamente acariciado por sus organizadores, que finalmente se materializó en la segunda edición a través de la instalación “Pegadas…”. Una instalación que nació con la misma Mostra, al penetrar en el territorio inexplorado y turbador de la Antigua Cárcel Provincial de A Coruña, escenario del que Caramés ha sabido extraer toda su savia emocional y significativa. Hablamos con Vari Caramés, que nos relata su relación con la Cárcel y la concepción misma de esta obra única de la que pudimos disfrutar en esta segunda edición del (S8). info

Zoe Beloff cierra el (S8) llevándonos a otra dimensión

La última jornada del (S8) tiene como protagonista especial a Zoe Beloff. Además de poder ver una muestra de sus trabajos, la artista pondrá un cierre a la Mostra transportándonos a otra dimensión con su performance en 3D analógico Claire and Don in Slumberland. Hablamos con Zoe Beloff, que nos entreabre una puerta a sus mundos imaginarios. info

Playtime audiovisuales: “Creemos en la convivencia de todos los formatos”

Enrique y Natalia Piñuel regentan Playtime Audiovisuales: una plataforma multitarea cuya labor es, en sus propias palabras, “que todo lo que merezca ser visto se vea”. Un cometido que, en su caso, les ha llevado desde a distribuir y comisariar muestras, hasta a producir en una vital labor en el campo del audiovisual. Natalia Piñuel nos habla sobre la selección en torno a la música y el Super 8 que han creado para la sección “Super 8 Contemporáneo” del (S8). info

Cine mudo para niños y niñas: Lotte Reiniger

 

Este domingo a las 12:00 h en la Antigua Cárcel el (S8) da espacio a una sesión muy especial. Se trata de un taller, impartido por Maria José Rueda, en el que todos los niños que se acerquen por la Mostra podrán descubrir a través de diversas actividades lúdicas y didácticas, el mundo de la pionera de la animación Lotte Reiniger. Al taller le seguirá una sesión familiar con las películas de Reiniger que de seguro conseguirá hechizar tanto a niños como a mayores. Sus animaciones, hechas de manera artesanal con siluetas recortadas que Reiniger fabricaba con maestría, nos llevan por exóticas historias llenas de aventuras y de misterio, protagonizadas por criaturas fabulosas, príncipes, alfombras mágicas y paisajes imposibles.

Reiniger empezó a hacer películas en 1919, y no dejó de hacerlas en toda su vida, en todo un periodo que abarca 60 años. Cuando el cine era aún un arte relativamente joven, Reiniger fue una de las primeras artistas que llevaron la animación un paso más allá, con un trabajo de abrumadora belleza y lirismo, además de una personalidad desbordante.  Ya adolescente, Lotte era una apasionada de las marionetas y del cine de Meliés. Consiguió convencer a sus padres para que le permitieran entrar en el grupo de teatro de Max Reinhardt, al que pertenecía Paul Wegener, creador de El Golem. Cuando confeccionaba siluetas en papel de los otros actores del grupo en sus respectivos papeles llamó la atenación de Wegener, con quien trabajaría realizando los subtítulos de la película Der Rattenfänger von Hameln (“El flautista de Hamelín”). Gracias al éxito de su trabajo y a la recomendación de Wegener, consiguió ser admitida en el Institut für Kulturforschung (Instituto de Innovaciones Culturales), un estudio berlinés dedicado a las películas de animación experimentales. Allí realizó su primera película de siluetas, El ornamento del corazón enamorado (1919), la primera de una larga lista en la que sobresale Las Aventuras del Príncipe Achmed, largometraje que le llevó tres años enteros de trabajo estrenado en 1926. Además de llevar a cabo el trabajo paciente de la animación, mantuvo lazos estrechos con los círculos culturales del Berlín de la época: creó el decorado de algunas representaciones en el teatro Volksbühne, conoció a Bertold Brecht y rodó varios cortos publicitarios, además de la infinidad de películas infantiles que creó, y las adaptaciones de diversas óperas. De su film Papageno (1935), Jean Renoir dijo que era el mejor equivalente óptico a la música de Mozart.

Parte de la fuerza de la obra de Reiniger consiste en que, de alguna manera, la evidencia del trabajo hecho a mano resalta aún más la cualidad mágica que lleva en sí un arte como el de la animación. Parece una cuestión de alquimia, prácticamente, el hecho de que unas cartulinas recortadas, objetos inanimados, puedan cobrar vida con la riqueza expresiva de las películas de Reiniger. Preocupada más por la creatividad que por la técnica, su cine sigue la estela del arte milenario de las sombras chinescas. En las antípodas de la estética relamida de Disney, sus films muestran el nervio de la animación en historias que ejercitan la imaginación, y la hacen galopar por misteriosos parajes como si fuese a lomos del caballo mágico de príncipe Achmed.

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